EL AGUA; ESENCIA DE VIDA.
La tierra, poco a poco, se puso en funcionamiento. Fue
estableciendo a todos los tipos de animales en los sitios que les había
reservado. Les enseñó su hogar, lo que iba a ser su hábitat, cómo tenían que
vivir y cómo sobrevivir. Estableció también a la vegetación, le enseñó dónde
crecer, cómo crecer y, sobre todo, cómo ser feliz. Para la tierra todo ser vivo
era un hijo y, la verdad, tenía muchos a su cargo y de toda clase. Adoraba a
todas sus criaturas y las amaba por encima de todo. Hasta el ser más
insignificante era parte de su vida. Cada ser tenía su gracia, sus
características y era especial. Sin embargo, la tierra también era consciente
de que habría problemas, de que la convivencia crearía algún roce y que, sin
duda, tendría que ayudarles como hijos suyos que eran. La tierra tenía un
problema, eran tantas las criaturas que tenía que era casi imposible estar en
todos los sitios a la vez. Tenía que encontrar el modo de estar lo más cerca de
todos, de que en caso de que necesitaran de ella pudiera estar sin ningún
problema. Quería repartirles su amor a todos y llegar a todos. ¿Cómo lo haría? ¿Cuál
sería la forma de darles su amor todos los días?
La tierra pensó durante bastante tiempo y, por fin,
llegó a una solución. La forma de llegar a todos, de repartir amor a todos, de
llegar al fondo del corazón de todos, de quererlos y de ayudarlos, sería el
agua. El agua llegaba a todas partes, se mete por todos los rincones y, lo que
es más importante, al beberla llega directamente al interior de todos.
Utilizaría el agua para llevar su amor a todas sus criaturas. El agua sería la
portadora de todos los sentimientos, iría cargada de amor, de sanación, de paz
y de vida para todos. Todas sus criaturas necesitarían beber agua para vivir,
de ese modo, todas tendrían su dosis de amor diaria de su madre, la tierra. Así
es como la tierra le asignó esta gran tarea al agua, su misión es
importantísima, sin agua la vida se apaga y todo desaparece. Por su parte, la
tierra, aseguró a todos sus hijos que siempre estaría cuidando de todos y,
ahora, en nuestros días, si observas el agua, si la acercas a tu cara, puedes
sentir la vida que emite y que la necesitas. Sí, nosotros también somos una de
sus criaturas y necesitamos de su amor, de su cuidado y de su agua. Dejémonos
querer.
A.Machancoses

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